Es porque al mismo tiempo que reciben beneficios del gobierno, como la reforma laboral, son el blanco de sus insultos.
El enorme desconcierto en el que devino la Argentina, disparado a niveles estratosféricos bajo la administración libertaria, encuentra al llamado círculo rojo, de empresarios y otros referentes muy informados sobre política, negocios y dinero, en un revuelo de felicidad por el avance de las reformas como la laboral, pero también de dudas sobre el futuro de los negocios y miedo al promotor de la política, el presidente, Javier Milei, por ahora, con desenlace incierto.
El viernes, mientras el Senado de la Nación encaminaba la aprobación de la reforma laboral, con represión policial como cortina de fondo, Milei terminaba de darle forma al discurso que pronunciará esta noche en la apertura de las sesiones ordinarias del Congreso 2026.
Las especulaciones descontaban la autocelebración, típica del estilo presidencial, recargada por el triunfo político de la reforma: el gobierno consiguió, prácticamente sin resistencia legislativa -ni popular- lo que buscaron sin éxito otros gobiernos de derecha, como el de la Alianza (1999-2001) o el de Cambiemos (2015-2019).
Los hombres de negocios siguen sin acreditar la velocidad y la eficacia con la que sus reclamos de años saltan de la instancia de lobby, a la redacción de los proyectos, y después al debate parlamentario, para convertirse en ley, casi sin esfuerzo.
El castigo avanza
Pero además del autobombo y del posible lanzamiento de su candidatura para la reelección en 2027, circula que el discurso de Milei de la apertura de sesiones del Congreso contempla una descarga de munición pesada sobre el empresariado, un blanco cada vez más habitual de sus ataques en redes sociales y entrevistas y, paradójicamente, el único actor beneficiado por su política económica.
En la semana, el propio mandatario se puso al frente de una embestida contra dirigentes de la industria y el comercio a quienes agradeció irónicamente por “las contribuciones enormes que han hecho” a la denominada “batalla cultural”.
Los apuntados fueron, nuevamente, los industriales Paolo Rocca, titular de Techint, con el que arrastra varias semanas de conflicto; y el presidente de la recientemente cerrada fábrica de neumáticos Fate, Javier Madanes Quintanilla; además del comerciante Roberto Méndez, titular de Neumen.
Milei agradeció a través de X “profundamente las contribuciones enormes que han hecho Don Chatarrín de los Tubitos Caros (en alusión a Rocca), Don Gomita Alumínica (por Madanes Quintanilla) y el Señor Lengua Floja (Méndez) en los últimos 30 días”.
El argumento es que esos empresarios “han dejado en evidencia al sistema corrupto que hundió a los argentinos de bien”, por lo que ironizó un agradecimiento por el “gran aporte al despertar de un país que, pese a estos delincuentes, quiere ser grande nuevamente”.
La terminología tiene nerviosos a varios que no saben si alegrarse por el avance de las reformas o temer al escarnio del primer mandatario en vivo por televisión.
En el oficialismo no se esfuerzan mucho por bajar los decibeles de la furia que derrama desde la centralidad del poder político.
Hay quienes moderan pero, confirman que los empresarios están en la mira y en el discurso, con el argumento de que “tienen que entender” que La Libertad Avanza es el único proyecto político en procura de una estabilidad real y que la apuesta por alternativas que pueden ser exitosas pero “de corto plazo” son percibidas como actos de traición por la Casa Rosada.
Consideraciones de ese tipo tallaron esta semana para contener a los sectores cada vez más preocupados por la acumulación de indicadores económicos negativos y los cierres de empresas, que ya no se limitan al mundo pyme, sino que afecta también a negocios fuertes como demuestra el caso de Fate.
En la línea de los optimistas están el titular de la Cámara de Comercio y Servicios (CAC), Mario Grinman, y el presidente de la Cámara de la Construcción (Camarco), Gustavo Weiss, pese a que representan a dos de los sectores más golpeados por este modelo, junto con la industria.
El apoyo de esos dirigentes es habitual, especialmente el de Grinman, pero esta semana coincidió con la apertura de una ventana de diálogo entre el Ejecutivo y el círculo rojo a través del G6 (Grupo de los Seis), que además del comercio y la construcción integran las asociaciones representativas de la banca, el agro, la industria y las finanzas.
La relación entre Balcarce 50 y la Asociación Empresaria Argentina, que agrupa a los empresarios de mayor peso, no pasa por su mejor momento, debido al ataque de Milei a Rocca, y la mesa en la que se conversan los temas importantes tiene una silla vacante.
El acercamiento y el pulgar alzado de Grinman, que valió muchas críticas de amplios sectores de la producción, son señales de aprobación al rumbo que plantea Milei en plena semana de furia tuitera del mandatario, que ahora amenaza con prolongar el castigo por cadena nacional. «
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