Javier Milei demostró, en varios momentos de su gestión, abrazar inconscientemente lo que él llama “la agenda woke”. Es más, se podría argumentar que validó, acaso sin saberlo, uno de los aspectos más resistidos de aquellos avances que para muchos fueron algunos de los dinamizadores culturales de la llegada de los libertarios al poder: la autopercepción. Fue así que Milei llegó a decir que –por una investigación realizada con Demian Reidel– estaba a las puertas del Premio Nóbel de Economía. Pareciera, de momento, no haber alcanzado. Lo que sí demuestra que la realidad no convalida los deseos de nuestro presidente es, entre otras cosas, que muchas veces aparenta ser –en el mejor de los casos– inmune a la evidencia.
Aún si uno se quedara con la mejor versión de Milei –el argumento de su primer anillo que lo perfila como una persona de rasgos determinados, pero cuasi infantiles en todas las áreas que no son de su interés–, sería difícil explicar racionalmente por qué continúa sin sancionar los comportamientos de Karina que son, desde hace años, sumamente indecorosos. De las denuncias por venta de candidaturas hasta el recibimiento de dinero trasladado en motos a las oficinas de Avenida Libertador, en Vicente López, de empresarios que querían reuniones con Milei, hasta los audios de ANDIS y, ahora, las revelaciones en la causa $LIBRA. La Libertad Avanza enfrenta un escenario que podría ser un punto de inflexión. Si en todos los grupos focales la mayoría no ve al presidente como un hombre que hace negocios con el Estado, pero desconfían de su hermana, las pruebas podrían empezar a sugerir –sea cierto o no– que lo que hay es una gran performance del binomio presidencial.
El análisis del teléfono de Mauricio Novelli incluye al menos 20 llamadas con Javier y Karina Milei entre las horas previas al lanzamiento de la criptomoneda y las inmediatamente posteriores al colapso. También aparecen 14 llamadas con Santiago Caputo que, según la información de #OffTheRecord, terminará, también involucrado en el expediente.
Si bien estos son –hasta el momento– los únicos elementos que implican directamente al presidente y a su entorno, los mensajes recuperados a partir del peritaje del celular de Novelli contienen referencias a acuerdos económicos que podrían dañar muy severamente la posición oficial. Entre los archivos aparece un borrador de acuerdo por 5 millones de dólares, en tres pagos, asociado al apoyo o promoción de proyectos de Hayden Davis, el impulsor del token, por parte de Milei. No va a alcanzar la picardía del flamante ministro Juan Bautista Mahiques, que deslizó sospechas de que junto con la filtración de la información hubiera habido también una alteración del contenido del teléfono –un recurso dirigido a un planteo de nulidad y un favor a los abogados de la defensa– para hacer caer una prueba que, por lo demás, es relativamente fácil incluso de reproducir.
Todos los pasos que indicaba el material recuperado del teléfono se cumplieron celosamente, el “deal” que festejó Novelli en uno de los mensajes recuperados es coincidente con pagos realizados por Davis mediante billeteras cripto a cuentas de propietarios desconocidos. Este material cobra aún mayor relevancia a la luz de las interpretaciones que, sobre mensajes de terceros que no la involucran directamente, realizó la Justicia Federal a la hora de la muy cuestionada condena de Cristina Fernández de Kirchner en la causa por la obra pública de Santa Cruz y que hoy tendrá una nueva platea para esgrimir estos argumentos cuando vaya a declarar a Comodoro Py. Un vaso de agua en el desierto para la polarización que busca infructuosamente La Libertad Avanza.
La causa también examina la secuencia de operaciones financieras en la blockchain antes y después del anuncio. Los análisis on-chain muestran que segundos antes del tuit presidencial se realizaron 87 transacciones por aproximadamente 13,5 millones de dólares, en un momento en que el contrato digital del token aún no había sido difundido públicamente, lo que sugiere que un grupo reducido de operadores conocía de antemano el código del proyecto. Tras el lanzamiento, los investigadores detectaron transferencias de casi cuatro millones hacia billeteras vinculadas a los organizadores, que forman parte del análisis judicial sobre los eventuales beneficiarios de la operación.
La dinámica completa que analiza la Justicia reproduce el patrón típico de ciertas maniobras comunes del ecosistema cripto, que transitan en el límite entre el casino y la estafa. Compras tempranas por actores con información privilegiada, promoción pública que dispara el precio y posterior desplome del activo. Tras el tuit presidencial del 14 de febrero de 2025, el token pasó en minutos de valores prácticamente nulos a unos 5,20 dólares, para derrumbarse luego abruptamente. En el proceso, los inversores minoristas acumularon pérdidas estimadas en al menos US$ 100 millones, mientras un grupo reducido de cuentas obtuvo ganancias extraordinarias, procesos conocidos como “pump-and-dump” o “rug pull”, en la que se manipulan los valores para preparar una retirada abrupta en perjuicio de los inversores tardíos.
Si bien la información sólo amplifica en algo lo que ya aparecía como fuertes sospechas, tantos sobre la operatoria como la relación entre Milei y Novelli, su filtración, el movimiento judicial –a pesar del paso cansino del fiscal Eduardo Taiano– y el contexto de dificultades económicas podrían dar nuevos aires a un escándalo que afectó no sólo la imagen presidencial sino en general la marcha del gobierno y que podría tener mayores consecuencias en un contexto de desconfianzas internas. Esto se dijo en su momento.
Por lo demás, todo lo que rodea a Karina, tanto social y políticamente –a excepción de los Menem que arrastran una experiencia que les permite la distinción–, es un circuito de figuras de evidente debilidad de juicio, con fijación por el dinero y restringida capacidad analítica por fuera de la parodia que ellos mismos se crearon sobre qué es y cómo funciona el sistema. Aquella figura fílmica que mostraba a los políticos como hombres y mujeres obsesionados con el dinero, y al ejercicio de la gestión como una enorme máquina de recaudación que salva la vida de generaciones de burócratas mientras empeña la de millones de argentinos, resulta correcta en muchos casos, pero con una enorme cantidad de complejidades, rugosidades e inexactitudes si se toma al conjunto de los funcionarios nacionales y subnacionales de los tres poderes del Estado.
Esto genera una situación singular. Si para la Justicia en su conjunto la comprobación de la sospechas de corrupción en los diferentes gobiernos requiere de una búsqueda minuciosa con conexiones muchas veces relativas, en el caso de Karina todos los indicios son lineales. Directos. En términos políticos, dramáticamente fáciles de entender o comprobar. Si el 3% se popularizó como símbolo, el “Pago Javier kari” en el teléfono de Novelli podría quedar en el lenguaje judicial como un antecedente de que, al final del día, la sofisticación –en cualquier disciplina– merece la pena.
Así las cosas, los indicios sobre la voracidad de la secretaria general de la Presidencia son elocuentes y las revelaciones de los últimos días sugieren que Milei estaba, al menos en $LIBRA, al tanto de lo que ocurría. Algunos defensores paraoficiales del presidente llegaron a sugerir que no comprendió nunca qué es lo que estaba haciendo. Una estrategia arriesgada que podría incentivar las opiniones más radicales sobre la última milla de los mecanismos institucionales.
Dentro de ese escenario es que se recortan los aspectos que lesionaron la figura de Manuel Adorni, un ejemplo de enciclopedia de aquella resignificación bíblica del que a hierro mata, a hierro muere. Y, por si hiciera falta aclararlo, otra vez Karina. Como dijo Eugenia Mitchelstein en su cuenta de X, “si te la pasás rompiendo con que nada es gratis, después no podés salir a decir que justo esto que te conviene y es inalcanzable para el 95% de los argentinos, justo esto sí es gratis”. “Como dice un amigo, el Papa tiene que creer en Dios”, concluyó. Sin el señalamiento permanente del gobierno a todos los actores de la Argentina, probablemente lo de Adorni podría haber pasado como una falta ética menor en un momento histórico que impugna más un acto irrelevante para el funcionamiento del país que el endeudamiento irracional o una pésima administración de subsidios, depende el signo político que gobierne. Un aporte que hay que agradecerle al PRO, in memoriam.
El gobierno enfrenta, entonces, varias complejidades. Si la más sensible es una economía que ocupa por su nivel de actividad a todos los funcionarios del Gobierno excepto al presidente, la otra es la escala de internas que toman situaciones de asedio público sobre funcionarios circunstanciales. El affaire Adorni –destapado accidentalmente por Radio Jai– dio lugar a la filtración de un video clandestino en el aeropuerto de San Fernando con el jefe de Gabinete por subirse a un vuelo privado costeado aún no se sabe por quién. Una falla irritante para el electorado oficialista solamente compensado por un repentino apego a las formas del peronismo y sus satélites.
Los organismos que intervienen en este tipo de situaciones pusieron bajo sospecha a Santiago Caputo y Patricia Bullrich. El asesor al menos reaccionó en defensa del jefe de Gabinete, algo que no hizo ni a reglamento la ministra de Seguridad. No solo eso sino que en abierto desafío a Karina, Patricia –en medio del escándalo– se fotografió con jóvenes en el Lollapalooza. La intención de mostrar un contraste fue evidente.
Hay dos aspectos y un interrogante que ponen en discusión la explicación más a mano que tiene nuestro país cuando algo tiene múltiples hipótesis –“fue la SIDE”: entre los primeros se cuentan que, en repliegue, difícilmente pueda Bambi siquiera suponer que, en caso de un alejamiento de Adorni, el elegido para reemplazarlo sería de Las Fuerzas del Cielo. El otro antecedente es que la operación fue muy similar a la filtración del avión negro propiedad de Leonardo Scatturice, señalado como camarada de ruta de Caputo y su equipo.
En este escenario, surge una incógnita: ¿responden los delegados de la SIDE, en los aeropuertos más importantes de Argentina y el exterior, al asesor del presidente? Si no es así, ¿por qué? Es, en parte, con este argumento, que comenzó a instalarse la idea del reemplazo de Cristian Auguadra. Los nombres que trascendieron fueron los de Jorge “Corchito” Anzorreguy y Federico Toma. Rumores. Los mismos que insisten con que el siguiente lugar apuntado por Karina sería el de María Ibarzabal Murphy, la ministra de leyes del gobierno y tal vez la figura más cercana a Caputo.
Todo esto se da en un contexto económico muy problemático.La inflación cerca del 3% mensual convive con una economía que, sacando unos pocos sectores, no se encuentra estancada, sino en caída. En la industria, los datos toman características de crisis. Fate, con sus particularidades productivas y sindicales, está lejos de ser un caso aislado. El último informe de ADIMRA muestra un desplome interanual de más del 10% en febrero y casi 2% mensual, con la utilización de capacidad instalada en torno al 40%, mínimos históricos. Con todo lo que puede decirse de los alineamientos políticos presidenciales, en el primer semestre de 2025 las importaciones desde China crecían al 80% interanual. Números que explican por qué el gigante asiático no viene quejándose de las profesiones de fe proestadounidenses de Milei, pero que son letales para la producción nacional, incluso en sectores que podrían ser competitivos frente a Brasil, Europa o los Estados Unidos.
Del otro lado del río bravo, la interna del peronismo tuvo el domingo un capítulo bonaerense bastante acotado, en municipios donde no se pudo acordar unidad. Al margen de los resultados –con celebraciones que harían sonrojar a Pablo Iglesias–, ninguno de los sectores termina de plantear posiciones alternativas al actual oficialismo. No ocurre en política, donde las miradas sobre la conveniencia de construcciones amplias –similares a la que llevó a Lula da Silva nuevamente a la presidencia en 2022– sólo fueron articuladas de manera ordenada por extracomunitarios.
Esto, además, choca contra una falta de definiciones que trasciende lo económico y se extiende a la política exterior –donde la gama de opiniones podría abarcar desde el alineamiento apenas atenuado con Estados Unidos al acrítico con China como representante de un supuesto sur emergente, pasando por un latinoamericanismo nostálgico con el reloj parado en 2006–, la política criminal –fue sintomática la división en las posiciones sobre la baja de la edad de imputabilidad–, las relaciones entre el gobierno central y las provincias –con distintas posiciones sobre los niveles de autonomía provincial en cuestiones centrales para los años venideros como el manejo de recursos mineros e hidrocarburíferos– y un largo etcétera.
A nivel económico, los acuerdos sobre la necesidad de una mayor protección de la industria y una valorización de su rol en cualquier proceso de desarrollo –que aúna discursos desde CFK a Miguel Ángel Pichetto– dicen poco sobre el modelo que derivaría incluso de esos acuerdos mínimos. Un problema en el que cobra centralidad la estrategia para replantear el modelo macroeconómico. Las dificultades de sostenibilidad que se aprecian si miramos las distorsiones del pasado son evidentes.
Un relevamiento de Fundar sobre niveles de precios en noviembre de 2023 –al dólar oficial, que se usa para importar y exportar– y diciembre de 2025 mostró niveles mayores de atraso cambiario en la etapa final del Frente de Todos, incluso después de la devaluación de agosto de 2023. Niveles de atraso cambiario, a los que, además, hay que ajustar por las distorsiones ocultas tras el nivel general, con una estructura de precios relativos en la que rubros como el de indumentaria se ubicaban, en dólares, a más del doble del promedio de la región. Mientras, los servicios y la salud costaban la mitad, dando lugar a déficits fiscales insostenibles y una situación de emergencia en el sistema sanitario, cuyo síntoma más evidente fueron los cobros paralelos e ilegales que se generalizaron en algunos prestadores de prepagas.
Los altos precios en dólares para los bienes son incompatibles con cualquier estrategia de competitividad externa para la industria y sólo pueden sostenerse en un modelo extremadamente cerrado, en el que los empresarios cazan en el zoológico y compiten por dólares escasos pero baratos que reciclan en altos márgenes de ganancias. En el medio, medidas de protección, administración del tipo de cambio y el comercio exterior muy complejas de implementar sin generar sospechas e inequidades, como alternativa de emergencia constante para evitar crisis externas.
Del otro lado, una estrategia industrial que recupere una promesa de cierta competitividad y pleno empleo en el sector enfrentará, al menos en el momento inicial, niveles de salarios en dólares más bajos que los actuales y medidas de administración del comercio que, aún si fueran menos astringentes que las pasadas, pueden impactar sobre los niveles de consumo. Incluso así, probablemente sea una industria más ligada a los sectores dinámicos de la economía argentina, más basados en recursos naturales y sus encadenamientos, tanto de proveedores, como la maquinaria para petróleo o minería como de algunos productos modificados, por ejemplo, en la industria de la alimentación. Un modelo difícil de adaptar a gran parte del corazón industrial del Gran Buenos Aires.
Las alternativas no son sencillas ni obvias. No extraña, entonces, que no abunden los voceros para un programa de gobierno alternativo que podría redundar en un regreso a los peores vicios del pasado o renunciar a las promesas de recomponer ingresos. Tiene algún sentido, a pesar de su corto alcance, que la esperanza opositora sea que el Gobierno choque sólo y luego atarlo con alambre. Para un peronismo que no enamora, el problema está más adelante.
Iván Schargrodsky | Cenital

