LA RAZÓN DE QUE HAYA MORA

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Un dato que seguramente te toca de cerca es el crecimiento de la morosidad de la cartera crediticia, no tanto la de las empresas sino la de los hogares. Esto, por supuesto, te afecta a vos o a tus seres queridos: directamente, si te está costando llegar a fin de mes y tenés problemas para pagar tus deudas; o indirectamente, porque es una mala señal para el consumo y, por ende, para los ingresos del país.

Además, si la mora sube mucho, la solvencia del sistema financiero se verá comprometida. De yapa, todo esto hace que probablemente vayamos a vivir en una sociedad más y más desigual.

Cómo te contábamos hace un mes en Cenital, el Banco Central difundió que la mora del sistema bancario está creciendo y llegó al 6,4% en enero. ¿Es mucho o poco? Para que te hagas una idea, es un nivel que está muy lejos de escenarios como el de la crisis del 2001–2002, cuando la mora trepó por encima del 20% de la cartera (fondo de olla absoluto), pero es muy parecido al que hubo durante los últimos meses del gobierno de Mauricio Macri y la aparición del COVID-19. Además, estos niveles de morosidad casi duplican el nivel con el que arrancó Javier Milei.

Hay una particularidad que hace que sientas este fenómeno más intensamente que lo que las estadísticas sugieren: la mora es más alta en los hogares que en el mundo corporativo. Mientras la cartera morosa de las empresas está en torno al 2,8%, la de las familias llega al 10,6%, impulsada por los atrasos en pagos por préstamos personales y deudas con la tarjeta de crédito.

Para el endeudamiento fuera del sistema bancario, la situación luce aún peor. Con datos a julio de 2025, la mora trepó al 22,8% de la cartera total, una cifra que suele ser más alta en ese segmento, en línea con condiciones crediticias más desfavorables.

No tomés deuda, tomá café

Una vez caminando por Belgrano me topé con este cartel de una cafetería que, además de gracioso, invita a diversas analogías y metáforas. Yo pienso que el café es como la deuda: primero te da energía, pero después te cobra (con intereses). Si, ya se que la analogía definitiva la hizo Emmanuel Álvarez Agis, pero bueno creo que es más probable que te identifiques con ésta.

Como todo bebedor de café sabe, dejar de tomarlo es difícil, ya que te puede generar (literalmente) dolor de cabeza. A veces dejar de endeudarse también puede ser muy complicado: la deuda te atrapa. Lo ideal es poder tomar café sin excederse y para ocasiones o contextos específicos. Por ejemplo, si estás por salir a entrenar, la cafeína te puede ayudar. El cafecito de todas las mañanas también es un lindo ritual.

Lo mismo con la deuda: tómala, por ejemplo, para comprarte una casa, o hacé las compras del mes con la tarjeta de crédito, pero pagá todo al vencimiento. Evitá todo lo posible hacerte “adicto” y caer en una situación en la que te endeudás para poder pagar tus deudas.

Sin reparar en estos peligros, más o menos lo que hizo el gobierno de Milei desde que asumió fue poner a la economía argentina a funcionar a base de cafeína mañana, tarde y noche: utilizó la deuda — en este caso doméstica, ya que acceso a los mercados internacionales todavía no tenemos — para que la economía no se caiga a pedazos. En medio de un ajuste fiscal que recayó fundamentalmente sobre empleados públicos, jubilación, obra pública y discapacitados, la expansión del endeudamiento fue uno de los motores de la economía, en un contexto que pintaba muy mal para la actividad.

(Nota: ¿viste qué suena peor decir “expansión del endeudamiento” que “expansión del crédito”, no? Una es la contracara de la otra, espero que lo tengas claro. Pero está bueno que prestemos atención al lenguaje, porque no es inocente.)

Volvamos. La verdad es que, para un ajuste fiscal de cinco puntos del PIB, durante el 2024 la economía cayó menos de lo que muchos analistas esperaban y en el 2025 hubo crecimiento. Así que me puse a hacer cuentas y me fijé qué pasó con el crédito. Tomando como referencia noviembre de 2023, el stock bancario de crédito a personas físicas del BCRA creció en términos reales (es decir deflactado por IPC del INDEC) un 93,1% en algo más de dos años (a fines de diciembre de 2025), mientras que la cifra para los créditos a empresas se incrementó en un 87%. La suba de créditos personales fue especialmente fuerte en hipotecarios (+478,6%), préstamos personales (+184,2%) y prendarios (+133,9), y algo más modesta (pero significativa) en tarjetas de crédito (+38,3%).

La crisis de ingresos hizo estragos entre las familias, pero no tanto entre las empresas. Obviamente, hay sectores muy afectados por la política económica, como la construcción o la industria, que tienen efectivamente una mayor proporción de irregularidad crediticia. Además los pequeños comercios sin duda la están pasando mal. Pero estos casos no alcanzan para subir tanto el promedio de la mora en el mundo corporativo.

En definitiva, los datos de morosidad creciente y más altos en personas que en empresas son consistentes con los bolsillos flacos de quienes más tomaron deuda. Entiendo que acá están las razones del fenómeno que nos convoca: los ingresos de la mayoría de la población se estancaron y el endeudamiento se utilizó como forma de llegar a fin de mes. El homebanking pelado de las familias es la razón por la que sube la mora.

En Belindia también se endeudan

Hace dos semanas te contaba que los especialistas hablan de economías como las de América Latina como si fueran dos países en uno. Entre sus habitantes, algunos tienen la suerte de vivir como en Bélgica, otros como en la India.

El crecimiento de la mora de la cartera crediticia de los hogares, que refleja las dificultades crecientes para pagar las deudas, potencia las diferencias entre los habitantes que viven como en Europa y los que viven como en las regiones más pobres del Sur de Asia. Los primeros tienen ahorros suficientes y están haciendo trabajar su dinero. Los segundos necesitan más que ningún otro que haya crédito abundante a tasas accesibles porque tienden a endeudarse.

Cuando un hogar carece de los recursos suficientes para cubrir necesidades básicas como, comida, ropa, vivienda digna, salud y educación, se les hace más difícil salir adelante. Imagínate si además tienen una deuda con la tarjeta de crédito — o quizás con una billetera virtual — , se les hace cuesta arriba conseguir trabajo (nótese el aumento de la desocupación registrado por el INDEC), la inflación no da respiro y las tasas de interés se mantienen altas. Se cae de maduro que este hogar va a estar cada vez más lejos de alcanzar las condiciones de vida de los que viven bien.

La morosidad crediticia creciente significa que más hogares están siendo prisioneros de la deuda y que les va a costar cada vez más salir adelante, lo que probablemente acentúe la desigualdad. Un país más desigual no sólo genera dilemas humanos que duelen y es más inseguro para todos: también es económicamente ineficiente, porque no permite a una parte de su población prepararse para el mundo que se viene y genera un desperdicio enorme de talento que nunca llega a manifestarse porque literalmente no existe tal posibilidad.

Siempre doy el mismo ejemplo: tuvimos la suerte de que el Barcelona pague el tratamiento hormonal de Lionel Messi y, además, el astro eligió jugar para Argentina y no para España. ¿Te imaginas cuántos cracks como nuestro diez, y no sólo en el ámbito del deporte, se pierden por la desigualdad y porque no se puede sacar un crédito para salir adelante?

Combatiendo al (costo del) capital

La historia de pedir prestado para gastar y que aparezca cada vez más gente con problemas para pagar no tiene nada de nuevo. La diferencia es que en el mundo en el que vivimos el fenómeno llegaría a más sectores, porque las aplicaciones — que revolucionaron nuestra vida en muchos niveles — también llegaron al terreno de las finanzas (en este caso, las “microfinanzas”). Con la expansión de las billeteras virtuales, es más fácil para los hogares de menores recursos endeudarse.

Ma non troppo. Seamos honestos, tampoco es que las fintech hayan resuelto el histórico problema de acceso al crédito de sectores de bajos recursos. A lo sumo, han mejorado marginalmente un problema histórico que requiere soluciones de fondo (o fondeo). Es más, te diría que sólo lo reformularon: si en el barrio, en el mejor de los casos se le pedía fiado al comerciante de la esquina y en el peor al narco (mientras los bancos se hacen los sotas), ahora está la posibilidad de sacar un préstamo personal en “Mercadovirtualcash” con sólo un clic. Pero la verdad es que el costo financiero que hay que pagar haría pasar vergüenza hasta al mismo Al Capone.

Lo cierto es que gracias al auge de las billeteras virtuales ahora tenemos un registro más concreto de a cuánto asciende la morosidad “en los barrios”, donde el acceso a instrumentos financieros llega de la mano de las apps. Desde ya, cualquier persona puede endeudarse con estos instrumentos, pero te imaginarás que es más común entre sectores con menos acceso a instrumentos financieros “convencionales”.

Bueno, la morosidad en las fintechs llegó al 18% del total de los préstamos: casi uno de cada cinco pesos se devuelve tarde o quizás nunca se devuelva. Para poner este dato en contexto, los otros ítems dentro del rubro de morosidad en “proveedores no financieros” ascienden al 27% para deudas por compras de electrodomésticos y al 10,4% para mutuales o cooperativas de crédito.

La información disponible cubre hasta julio del 2025 y no tengo razones para pensar que este panorama haya mejorado; por la suba de tasas con la que el gobierno llegó a las elecciones de octubre del 2025, asumo que al día de hoy la cosa está igual o peor. Algunas consultoras estiman que la mora en fintechs habría llegado al 25% del total de la cartera a principios del 2026.

¿Entonces? Si, hay más problemas para pagar las deudas. Aunque estamos lejos del peor escenario que vivimos durante la crisis del 2001–2002, el crecimiento de la morosidad es un problema para sectores medios y bajos a los que se les hizo más difícil llegar a fin de mes, lo que refleja los problemas de empleo e ingresos de la economía argentina.

Emiliano Libman | Cenital