SE PRESENTA UN PROYECTO DE LEY QUE BUSCA PROTEGER A LOS CLUBES DE BARRIO

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“Sin clubes de barrio no hay sueños de Mundial” será el nombre del encuentro en el que se dará a conocer la iniciativa de la diputada nacional Natalia Zaracho. La idea es fortalecer a las instituciones barriales y de pueblo que cumplen un rol de contención y todavía no logran formalizar sus personerías jurídicas.

La fiebre mundialista que tantas alegrías dio durante un mes entero lentamente va quedando atrás. La batalla que libraron los jugadores de la Selección argentina, dentro y fuera de la cancha, será inolvidable para gran parte de los argentinos. El fútbol, como ocurre con el deporte en general, volvió a unirlos como pueblo y a recordar un sentimiento de pertenencia que parecía olvidado. Pero nada de eso nació de un repollo: muchos de los jugadores que hoy triunfan en el mundo dieron sus primeros pasos en lugares que hoy atraviesan una situación crítica: los clubes de barrio.

Con esa premisa, este viernes 14 de agosto, a las 18 horas, se presentará en el Club Tristán Suárez de Ezeiza un proyecto de ley para fortalecer a los clubes de barrio y de pueblo. El encuentro llevará como título “Sin clubes de barrio no hay sueños de Mundial”, una consigna que busca poner en el centro del debate el papel que estas instituciones cumplen en la formación de los deportistas nacionales, pero también en la construcción de comunidad.

El proyecto fue impulsado por la diputada nacional del Frente Patria Grande, Natalia Zaracho, y es el resultado de un trabajo desarrollado junto a cientos de clubes de barrio de distintos puntos del país. La iniciativa busca recuperar la voz de esas instituciones y construir una herramienta federal que permita conocer su realidad y diseñar políticas públicas acordes a sus necesidades. En ese sentido, Zaracho plantea que proteger a los clubes es también proteger a las generaciones que vienen y fortalecer los tejidos sociales que, en muchos barrios, sostienen cotidianamente a niños, niñas y adolescentes.

Es que los clubes son mucho más que el lugar donde se practica un deporte. Son espacios de encuentro, pertenencia, contención y organización comunitaria. Allí miles de niños, niñas y adolescentes encuentran un lugar para jugar, mientras las familias construyen vínculos y redes de solidaridad. En un contexto en el que las problemáticas de salud mental afectan cada vez a más jóvenes y las cifras de suicidio alcanzan niveles preocupantes, el deporte, la recreación y los vínculos que se construyen en los clubes también cumplen un papel fundamental como espacios de contención, prevención y acompañamiento.

En muchos barrios, además, los clubes cumplen un papel central en la prevención de la violencia, los consumos problemáticos y la deserción escolar. “Si hoy no hubiera un club de barrio, un montón de pibes estarían en la calle”, sostiene Zaracho, poniendo en palabras una realidad que estas instituciones conocen de cerca: muchas veces son ellas las que llegan allí donde otras estructuras sociales no alcanzan.

Sin embargo, el aumento de los costos de funcionamiento, el mantenimiento de las instalaciones y la creciente demanda de actividades conviven con recursos cada vez más escasos. Muchos clubes sobreviven gracias al trabajo solidario de vecinos y vecinas que sostienen sus puertas abiertas.

En este contexto, el proyecto propone modificar la Ley 27.098 para ampliar el alcance de las políticas de promoción de los clubes de barrio y de pueblo. Uno de los principales cambios consiste en permitir que clubes que no cuentan con personería jurídica puedan incorporarse al Registro Nacional de Clubes de Barrio y de Pueblo, siempre que acrediten su existencia y el trabajo deportivo y comunitario que realizan.

Hugo Calcagno, profesor de Educación Física, trabajador del Club Semilleros de Barrio de Ciudad Evita e integrante del MTE Deportes, plantea que los clubes de barrio representan mucho más que espacios destinados a la práctica deportiva, y explica en relación a la modificación de la ley existente: “Cuando se piensan políticas bien intencionadas, estamos invisibilizados. Por eso proponemos ampliar el registro de la Ley de Deporte anterior e incluir a todo ese universo de clubes, mientras seguimos laburando por su formalización. Los clubes de barrio, como expresión heroica de nuestro pueblo, fueron una consecuencia de la comunidad organizada. Hoy nosotros salimos a construir clubes justamente para intentar reorganizar las comunidades que están rotas. Nuestra bandera siempre va a rezar ‘Sigamos Sembrando Comunidad’”.

La propuesta parte de una necesidad concreta: saber cuántos clubes existen y cuál es su realidad para poder pensar políticas públicas destinadas a fortalecerlos. Actualmente, el registro contempla a las instituciones que cuentan con personería jurídica, dejando afuera a una enorme cantidad de espacios que, aun sin haber podido completar ese proceso administrativo, cumplen diariamente una función deportiva y social en sus comunidades. La iniciativa busca reconocer esa realidad y acompañar también a esos clubes en su proceso de formalización.

En la misma línea, Víctor “Chama” Duarte, presidente del Club Villa Amelia de Lomas de Zamora, destaca el rol de estas instituciones en la formación de los grandes deportistas argentinos: “Nuestro país tiene el orgullo de que muchos de los jugadores de la Selección Argentina salieron de los clubes. La importancia de los clubes para los pibes que pasan por ahí es muy grande”.

Duarte pone especialmente en valor la tradición futbolera de Lomas de Zamora: “Si hablamos de potrero tenemos que hablar de Lomas de Zamora. De acá salió uno de los más grandes de la historia, el Diego, y también Facu Medina, un jugador que salía a cartonear de pibe y que, gracias a un club de barrio, nos representó en este último Mundial a todos los argentinos”.

El proyecto también propone crear la “Tarjeta Club”, una prestación económica destinada a cubrir gastos básicos de funcionamiento, mantenimiento, infraestructura y adquisición de equipamiento. El financiamiento surgiría de una afectación específica de recursos provenientes del impuesto a las apuestas online, a partir de un incremento de su alícuota. La elección de esta fuente no es casual: la iniciativa busca que parte de los recursos generados por una actividad que, según advierte Zaracho, está provocando fuertes consecuencias entre los jóvenes y especialmente en los sectores más vulnerables, se destine a fortalecer espacios de contención, formación y comunidad.

Además, se plantea crear un Consejo Consultivo con representación federal de los clubes y extender a las instituciones sin personería jurídica los beneficios del régimen de Derecho de Formación Deportiva.

Para Zaracho, el aporte de los clubes excede ampliamente la formación de deportistas profesionales. Son espacios que forman personas, transmiten valores, construyen identidad y sostienen comunidades. “No hubiésemos tenido este Mundial con los jugadores que tuvimos si no hubiesen existido los clubes de barrio”, sostiene la diputada.

Porque antes de las grandes canchas, los contratos millonarios y las camisetas de la Selección, hubo un potrero, una cancha de tierra, un profesor, una familia y, muchas veces, un club de barrio que abrió sus puertas y permitió que un chico soñara con ser deportista.

El fútbol argentino que el mundo celebra también se construye ahí: en esos clubes que durante generaciones fueron fábricas de sueños y espacios de comunidad y que hoy necesitan que la sociedad y el Estado los sostengan.

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