EL GOBIERNO CHOCA CON SU PROPIA RECESIÓN: CAE LA RECAUDACIÓN TRIBUTARIA

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Los ingresos de la AFIP bajaron 10% en términos reales, como consecuencia de la menor actividad económica. Más motosierra y licuadora, única receta para salvar el superávit.

Si el gobierno presume de los superávits fiscales que viene mostrando en los últimos meses, el informe de recaudación tributaria correspondiente a abril deja algunas dudas sobre la sustentabilidad de esa práctica.

Los números dados a conocer por la AFIP muestran ingresos por $ 8,66 billones en el mes, un 239,6% más que en el mismo mes del año pasado. Sin embargo, desde entonces la inflación fue cercana a 290% anual (el dato exacto se conocerá en poco más de una semana). Esa diferencia implica que la recaudación cayó en términos reales.

Un informe elaborado por el Instituto Argentino de Análisis Fiscal (Iaraf) señala que una vez descontada la inflación, la caída en abril habría sido de 10% con relación al mismo mes de 2023 y de 10,1% si se considera el acumulado del primer cuatrimestre. «En plata constante, abril habría registrado una pérdida anual de $ 1.269.000 millones», tuiteó el presidente de esa entidad, Nadín Argañaraz.

La comparación se complica por los varios cambios que se registraron en la estructura tributaria de un año para otro: se eliminó la cuarta categoría de Ganancias y se generalizó el impuesto PAIS, a todas las importaciones, entre otras modificaciones. Sin embargo, una mirada más cercana sobre la performance de ciertos impuestos que están vinculados al nivel de actividad sirven como parámetro para detectar que la caída es sostenida y tiene mucho que ver con el «sudden stop» (detención súbita) en que cayó la economía apenas asumido el gobierno de Javier Milei.

Entre ellos se encuentra el IVA impositivo (estrictamente ligado al consumo), que bajó 9% en términos reales; el impuesto al cheque (actividad comercial y financiera), que disminuyó 15,8%; y los tributos de la seguridad social (aportes y contribuciones sobre los salarios), que bajaron 18,5%. Por eso Argañaraz estimó que si no se contabilizaran los tributos relacionados con el comercio exterior, la disminución de ingresos reales para el fisco habría sido de 19%.

En su informe, la AFIP adujo diversos motivos para la menor recaudación. Por caso, recordó que abril tuvo dos días hábiles menos que el año pasado, lo que afectó los montos ingresados por los contribuyentes. En el caso de la seguridad social mencionó «la caída de los puestos de trabajo» (sin mencionar la brutal pérdida que sufrieron los salarios reales), y en el del IVA argumentó un diferimiento en el cómputo de percepciones por determinadas importaciones.

Daño autoinfligido

Aun con esas salvedades, la merma en la recaudación parece más vinculada a cuestiones que están jaqueando la economía real y que en buena parte fueron inducidas por la propia acción oficial. Por ejemplo, el congelamiento de la obra pública, los tarifazos, la licuación a la que fueron sometidas las jubilaciones, las inocultables trabas para las negociaciones salariales del sector privado.

Todo ese paquete produjo una caída en la actividad que cada semana suma nuevos datos. Entre los más nuevos figuran la fuerte caída en el consumo en supermercados, que en marzo alcanzó el 7,3%, según la medición de la consultora Scentia, y la menor inversión privada.

Al respecto, el habitual estudio de la consultora OJF determinó que la inversión bruta de las empresas cayó 22,3% en marzo. «Semejante contracción sólo fue registrada por este indicador en el período 2001-2002, y durante los meses de cuarentena de 2020. En términos acumulados, la baja del sector resulta de 24,0% para el primer trimestre», precisó el documento. También precisó que «en el sector de la construcción, el panorama es desolador».

Con esos números, el panorama es que si el gobierno quiere mantener el superávit tendrá que intensificar el uso de las herramientas que usó hasta ahora: la marketinera motosierra, la efectiva licuadora y la más ortodoxa postergación de pagos. Ante la caída de ingresos, la única alternativa sería profundizar la reducción de gastos, mientras se ignora cuál será el margen para hacerlo.

Lejos de amilanarse, el ministro Luis Caputo mantiene el optimismo. En un evento de la Fundación Mediterránea, «Toto» se jactó de que su gestión logró el equilibrio fiscal y ratificó que «no resignaremos estas anclas que algunos tratan de subestimar».

En su versión tuitera, Caputo polemizó en las redes sociales con una periodista que advirtió de que el retraso en la aplicación de los aumentos en las tarifas de servicios públicos podía complicar el objetivo de reducir el déficit. «Es exactamente al revés de lo que concluís. Porque estamos cómodos en lo fiscal, priorizamos bajar la inflación y no cargar más con gastos de momento a la clase media», contestó. «

Por ahora, afuera no la ven

Mientras la canciller Diana Mondino visitaba en París las oficinas de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico), tuvo la oportunidad de recibir de primera mano el informe de Perspectivas Económicas del organismo en el que se prevé para la Argentina una baja del PBI de 3,3% en 2024. «La elevada inflación, un ajuste fiscal considerable pero necesario y la incertidumbre política lastrarán el consumo privado y la inversión durante la mayor parte de 2024», señaló el trabajo.

Más pesimista todavía fue la calificadora de riesgo Moody’s, que vaticinó una caída del 5% en la actividad local para este año. Al igual que en el caso de la OCDE, el informe responsabilizó a la «pesada herencia» por el bajón. «La economía de Argentina se contraerá por segundo año, a medida que el gobierno busca resolver las distorsiones fiscales y económicas vigentes desde hace dos décadas. Después de 2025, las fuertes exportaciones agrícolas y la producción de gas ofrecerán cierto alivio», fue el pronóstico.

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