El primer test electoral importante del año prescindirá de las dos grandes coaliciones del país. El Frente de Todos y Juntos por el Cambio, ambos atravesando sus propias catarsis internistas, mirarán a los ganadores con la ñata contra el vidrio. Salvo un cisne negro o interpretaciones forzadas del resultado, la política nacional quedará un poco ajena a la performance electoral de Río Negro y Neuquén.
En la patagonia rebelde los dos frentes mayoritarios competirán partidos, deshilachados o cooptados por las fuerzas provinciales. Si bien no se trata de una metáfora lineal sobre la pelea por la Presidencia, hay un punto de contacto entre la realidad patagónica y la escena federal: el escepticismo que despiertan tanto el FdT como la JxC. Aún ganando, el fantasma de Javier Milei es el síntoma de un malestar social que se expande como una mancha de aceite.
Mauricio Macri juega con ese fuego. Profundamente decepcionado con la autonomía que exhibió su (ex) gerente Horacio Rodríguez Larreta, el egresado el Cardenal Newman corre al alcalde con el discurso rupturista del libertario. La azuza. “Si no vas dinamitar todo, al menos dinamitá algo”, parece exigirle Macri a Rodríguez Larreta. El riesgo que corre es validar la opción Milei en el camino, al punto de volverla perfectamente potable para su base electoral.
El Cronista

