UN DESESPERADO MACRI ANTE EL PRÓXIMO DEBATE, Y UN RUEGO A SU MESA CHICA: “¡POR FAVOR, INVENTEN ALGO URGENTE!”

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Quedan sólo 5 días hasta el segundo debate, y en lo que bien podría ser un definitivo manotazo de ahogado, Mauricio Macri juntó a sus colaboradores de lo que todavía queda de su mesa chica, y con cara de pocos amigos, les dijo: “¿Y ahora, qué hacemos? Muchachos, no jodamos, inventen algo urgente porque si no, la goleada en contra va a ser más dura todavía”.

Según confió un hombre muy próximo al presidente, Macri se refería a la necesidad de no volver a sufrir una derrota como la que experimentó el último domingo durante el primer debate. Es más, reveló que le cayeron muy mal las fotografías en las que aparece con un rictus serio, casi perdido, en contraste con la sonrisa de su principal contrincante, Alberto Fernández.

Es que en el oficialismo se vive un estado de ebullición, no sólo por lo que pueda pasar este domingo en la facultad de Derecho de la UBA, sino por el horizonte nada alentador que se presenta a medida que se acerca la crucial fecha del 27 de octubre.

Es que los principales integrantes de Juntos por el Cambio no dejan de analizar y discutir acaloradamente cómo plantarse y de qué manera seguir después del 10 de diciembre, mientras Macri recorre ciudades con promesas al viento como si fuera la campaña de un candidato opositor y la crisis económica no tuviera su sello.

Cuando el presidente pone los pies sobre la tierra, es consciente de que ese día todas las cartas apuntan a que será derrotado en primera vuelta, rogando a los santos que al menos la derrota sea lo menos contundente posible.

Mientras saca cuentas sobre la eventual suma de nuevos votos en las elecciones, Macri no puede ocultar su enojo con quienes fueron dos de su más históricos y férreos aliados, como Horacio Rodríguez Larreta y María Eugenia Vidal quienes, obligados por las circunstancias, se ven obligados a aparecer junto al presidente en el tramo final de la campaña. Y es ante ese más que seguro escenario que el mandatario piensa en su futuro.

Para el post-macrismo, mantener el control de la Ciudad de Buenos Aires resulta indispensable, ya que sería la única caja disponible para intentar la resurrección. Por eso se están implementando presiones de todo tipo sobre los empleados públicos y los contratados, se buscan nuevos aliados –como Luis Barrionuevo- y se destinan generosos recursos públicos para obtener nuevos sufragios. Está claro que la vieja política sigue siendo útil, incluso para los defensores del cambio.

Y cuanto a ese futuro que Macri piensa, le comenta a sus allegados estar seguro de que la clase media volverá a estar de su lado, cuando entienda que Fernández no garantiza su recuperación económica. Además, está seguro de que la pelea interna con Cristina Kirchner ayudará en esa dirección.

(de Info135)

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