Encuestadores y dirigentes detectan un giro inesperado entre jóvenes: crece un clima nacionalista, transversal y anti privatizaciones que revaloriza la soberanía y pone en tensión el programa de Javier Milei.
Encuestadores, analistas políticos y dirigentes territoriales comienzan a advertir un fenómeno que crece por fuera de las estructuras partidarias: una corriente nacionalista, popular y transversal, con fuerte anclaje entre los jóvenes.
La bandera de Malvinas que irrumpió durante el Mundial fue una primera señal. Ahora aparecen otras: un fuerte rechazo a la venta de tierras a extranjeros y a las privatizaciones, junto con una revalorización de conceptos como soberanía, recursos naturales, empresas estratégicas y defensa de los intereses nacionales.
No es kirchnerismo. Tampoco izquierda. Atraviesa sectores sociales e identidades políticas diferentes y todavía no tiene conducción ni representación electoral.
Pero choca de frente con una parte central del programa de Javier Milei: apertura económica, privatizaciones y una concepción mucho menos restrictiva respecto del capital extranjero. Esa tensión quedó especialmente expuesta con el debate por los cambios en la Ley de Tierras y los límites a la extranjerización, que volvió a instalar la discusión sobre quién puede controlar recursos y territorio argentino.
La política tomó nota de otra señal poderosa. Tini Stoessel difundió “La Patria no se vende” ante sus más de 20 millones de seguidores, mientras otros artistas populares se sumaron al rechazo a los cambios en la Ley de Tierras.
El fenómeno también aparece en momentos en que las encuestas muestran cambios en el humor social y político, especialmente entre sectores que no se identifican de manera automática con el oficialismo ni con el kirchnerismo.
Para quienes siguen el fenómeno en encuestas y territorio, sería un error leerlo simplemente como una nueva consigna del kirchnerismo. Su alcance parece desbordar las fronteras partidarias tradicionales y conectarse con símbolos y preocupaciones que tienen llegada propia entre las generaciones más jóvenes.
La discusión por las tierras, además, se cruza con otro debate que atraviesa el programa económico del Gobierno: la apertura al capital extranjero y las inversiones, uno de los ejes sobre los que Milei busca construir una nueva etapa de crecimiento.
Hay algo más profundo moviéndose entre los jóvenes: una reivindicación de lo nacional que empieza a convertirse también en una posición económica.
Y si esa corriente logra consolidarse, dejar de ser solamente cultural y encontrar una expresión política, podría convertirse en un fenómeno difícil de encasillar dentro de la grieta tradicional. Una nueva sensibilidad que, desde Malvinas hasta Tini, interpela directamente a Milei.
El Economista

