CÍRCULO ROJO: CRECE LA TENSIÓN ENTRE GURKAS MILEÍSTAS Y LOS QUE QUIEREN RECAMBIO

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En el tercer año de gobierno libertario surgieron las primeras grietas de la mano de Galperin y Rocca. El boom de los recursos naturales y las finanzas cambió el clima. Las dudas de cara a 2027.

Más que un “Círculo Rojo” son protagonistas variados con poder e influencia, con intereses comunes y al mismo tiempo contradictorios. Actores que compiten, coordinan, pero que algunas veces antagonizan y se excluyen. La expresión que se popularizó durante el gobierno de Mauricio Macri parecía describir a una elite dirigida por los grandes empresarios argentinos como un bloque uniforme, cohesionado y monolítico. Por supuesto, no es así. Y esas diferencias, frontales o disimuladas bajo cuerda, están emergiendo en este tercer año de la presidencia de Javier Milei. Lo reflejan dos escenas bastante recientes, protagonizadas por los dos hombres más ricos de la Argentina.

Por un lado, el fundador y presidente ejecutivo de Mercado Libre, Marcos Galperin, abonó recientemente a la idea de que el gobierno mileísta está en plena recuperación tras lo que él mismo definió como “un ataque de todo el sistema de poder” que se prolongó, según dijo, a lo largo de “meses”. Por otro, el titular de la corporación Techint, el ítalo-argentino Paolo Rocca, dejó el cargo de CEO de la siderúrgica Tenaris, la productora de tubos de acero sin costura del grupo empresario del que, de todos modos, sigue siendo presidente.

Galperin, activo polemista del mundo digital, compartió un informe del BCRA con un posteo que sonaba eufórico. “¿Alguien más está viendo lo mismo que yo? Me parece que se dio vuelta la tortilla”, desafió el jueves pasado desde su cuenta de X. En el caso de Rocca la empresa Tenaris confirmó hace veinte días que dejaba la máxima responsabilidad operativa de la compañía en manos de Gabriel Podskubka, hasta ese momento director de Operaciones. Galperin y Rocca, aparte de encabezar el ranking de Forbes sobre los súper-ricos locales (se les atribuye un patrimonio individual superior a U$S 7000 millones), representan dos modelos opuestos en la relación con Milei.

Galperin, entre otras definiciones, podría estar cómodo con el rótulo de militante libertario (el empresario Gustavo Grobocobatel, que es su amigo, contó esta semana que el creador del gigante del e-commerce y de la billetera virtual Mercado Pago “piensa que ambas empresas han hecho un impacto social de la hostia, más que cualquier otra política pública” de la historia argentina reciente). Rocca, en tanto, debe sobrellevar lo que terminó conformándose -probablemente a su pesar- como una relación tensa y plagada de desconfianzas mutuas con el mandatario ultraliberal. Quienes lo han tratado últimamente suelen decir que el depositario principal de su antipatía no es el propio Milei sino su ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger.

Para ese encono contribuyó un episodio traumático y hasta podría decirse que inédito en la historia de Techint: fue la derrota a principios de año en una licitación internacional para la provisión de caños necesarios para un gasoducto del consorcio Southern Energy (de la que forma parte YPF) ante la oferta presentada por una competidora de la India, Welspun. La noticia sacudió al ámbito empresario; Sturzenegger fue una de las voces que salió a opinar: le reprochó a Tenaris por haber presentado una oferta “40% más cara”.

“Aunque alguien quizás pensara que aun así debería habérsele adjudicado, eso es indefendible. Caños más caros implican menor rentabilidad del proyecto, menores inversiones, menos empleo, menos exportaciones”, azuzó el funcionario en sus redes. El propio Milei, por su parte, provocó más al rebautizar directamente a Rocca como “Don Chatarrín de los tubitos caros”. Desde ese momento, en el que para algunos pudo haberse traspasado un límite, comenzaron a circular versiones de que Techint estaba alentando la búsqueda de otras figuras alternativas -de una supuesta centroderecha o derecha moderada- que priorizaran el equilibrio fiscal y el orden macroeconómico.

Uno de los nombres que empezó a repetirse fue el de Mauricio Macri, que casualmente o no tanto retomó la actividad pública con bastante visibilidad en la agenda. Otro dirigente que tomó protagonismo, esta vez en el universo del panperonismo, fue Miguel Pichetto. También por esos días empezó a nombrarse como un hipotético candidato a la Presidencia al banquero Jorge Brito (h), titular del Banco Macro, una de las principales entidades financieras privadas pero además expresidente del club River Plate: dos periodistas, Iván Schargrodsky (en paralelo a cargo de la Comunicación en River) y previamente Carlos Pagni, habían dado eco a esa posibilidad. Pero había sido Macri el primero en mencionar a Brito (h) como un potencial candidato out-sider procedente del ámbito empresarial.

Tanto Brito (h) como su sucesor en el club de Nuñez, Stefano Di Carlo (hijo del relacionista público de los ‘90 Héctor “Yayo” Cozza), mantienen por si acaso lazos con miembros del gobierno mileísta: el asesor presidencial Santiago Caputo estuvo entre los invitados en una cena de la Fundación River; también ingresó alguna vez de incógnito a la cancha de River para presenciar un superclásico. Brito (h), de todos modos, no está en la lista de los grandes empresarios identificados al 100% con el proyecto de reconversión económica a velocidad turbo que tiene al presidente como agitador de la batalla cultural y mascarón de proa.

Entre los más convencidos de la necesidad de desregular y dejar que la Argentina se adapte sin anestesias y de una vez por todas al desarrollo de sus ventajas naturales a través del complejo agroindustrial, el potencial energético de los yacimientos no convencionales y el boom de la minería están el propio Galperin pero también Alejandro Bulgheroni (Bridas Energy), Marcelo Mindlin (grupo Pampa), Miguel Galluccio (Vista), Eduardo Elsztain (IRSA) y Eduardo Eurnekian (Corporación América). El proyecto mileísta implica, en su ejercicio cotidiano, la aplicación en el sur del mundo de la tesis de la “destrucción creativa” acuñada por el economista Joseph Schumpeter: en esa búsqueda por desincentivar y desmontar los entramados productivos que no son eficientes pagarán los costos sectores de la industria, como la textil, y hasta las alimenticias, como lo prueba el anuncio del cierre de la granja Tres Arroyos, de Entre Ríos.

Otro holding que está multiplicándose en esta época y cuyo titular asume con diplomacia la necesidad de convivir con el mileísmo -como expresión de la asociación con EE UU en la estrategia de la superpotencia por garantizarse cadenas de suministros- es Integra Capital. Lo encabeza José Luis Manzano. En su camino a consolidarse en el rubro energético Manzano está replicando el modelo que ya transitaron otros representantes de la elite empresaria, como Eurnekian, Mindlin y hasta el propio Rocca, que en los últimos años priorizó el despliegue de su petrolera, Tecpetrol. Manzano, quien le adquirió a Telefónica de España la principal operadora telefónica de Perú, ahora aspira a ampliar su participación en Metrogas, donde Integra Gas cuenta ya con el 9% del paquete accionario: va por las acciones que YPF tiene en esa distribuidora, próximas a licitarse. No será fácil. Tiene competidores con socios en la Casa Rosada: la familia Neuss.

Más allá de competencias y pujas intra-elite, dos factores son comunes para los holdings y conglomerados empresarios. Todos observan la expansión acelerada de un proceso del que al mismo tiempo son parte: la fusión entre el poder financiero y los grandes terratenientes, asociados al boom de los recursos naturales, que avanza -como señaló a Tiempo el economista Arnaldo Bocco- “sin preocuparse de ninguna manera por el reemplazo del empleo y la actividad económica de los sectores que caigan”. El otro factor es la incertidumbre: como las víctimas se multiplican, la continuidad de Milei a partir de 2027 no está asegurada. “Eso explica el apuro por cerrar ahora las compras y privatizaciones”, alertó a este diario un analista que trabajó por años en una de esas compañías  «

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