LA ARGENTINA DEL RELATO: CONSUMO EN CAÍDA, DEUDA Y UNA REALIDAD QUE YA NO ENTRA EN TWITTER

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Mientras las ventas minoristas vuelven a caer, las familias se endeudan para sobrevivir y las inversiones que prometió el Gobierno no terminan de aparecer, Milei responde desde X con insultos a periodistas y publicaciones que generan polémica por el uso de imágenes presuntamente intervenidas con inteligencia artificial. El problema es que la economía real no se puede editar.

Hay una Argentina que Javier Milei muestra en las redes y otra que millones de argentinos viven todos los días.

La primera aparece en X: shoppings llenos, consumo floreciente, recuperación económica y un Presidente que asegura que quienes cuestionan su gestión simplemente “no entienden” lo que está pasando.

La segunda está en los comercios, en las fábricas, en las pequeñas empresas y, sobre todo, en los bolsillos.

Y los números empiezan a ser demasiado incómodos para taparlos con una publicación.

Según CAME, las ventas minoristas de las pymes cayeron 0,2% interanual en agosto y 2,7% respecto de julio, mientras que acumulan una baja del 2,4% durante 2026. La propia entidad vinculó el retroceso con la pérdida de poder adquisitivo, las tarifas y el endeudamiento de las familias.

Es decir: el consumo no está explotando. Está resistiendo.

Y mientras eso ocurre, cada vez más familias recurren al crédito para poder llegar a fin de mes. Un informe reciente señaló que la morosidad de los hogares se multiplicó fuertemente desde fines de 2023, alcanzando al 17,5% del crédito personal.

Pero para Milei el problema parece ser otro.

El problema son los periodistas.

El problema son los encuestadores.

El problema son los críticos.

El problema son los que “no ven la realidad”.

¿Y SI EL PROBLEMA ES QUE LA REALIDAD NO COINCIDE CON EL RELATO?

Hace pocos días, el Presidente volvió a utilizar las redes para exhibir imágenes de un shopping lleno y burlarse de quienes cuestionan el nivel de consumo.

La publicación provocó una inmediata controversia: usuarios y dirigentes cuestionaron la autenticidad de las imágenes y señalaron indicios compatibles con una posible intervención mediante inteligencia artificial. Otros medios también reflejaron la polémica.

Y acá hay algo elemental:

No hace falta creerle a Milei.
No hace falta creerle a la oposición.
Hay que mirar los datos.

Porque una imagen puede editarse.

Un discurso puede editarse.

Una publicación de X puede editarse.

La realidad económica, no.


EL GOBIERNO QUE PROMETIÓ LIBERTAD TERMINÓ CULPANDO AL QUE SE ENDEUDA

Hay algo particularmente brutal en el discurso oficial: cuando una familia se endeuda para pagar la comida, los servicios, el alquiler o la tarjeta, la responsabilidad parece ser exclusivamente de esa familia.

Pero ¿qué pasa cuando los ingresos no alcanzan?

¿Cuando las tarifas aumentan?

¿Cuando el salario pierde capacidad de compra?

¿Cuando el consumo cae?

¿Cuando una pyme deja de vender?

¿Cuando una empresa cierra?

¿Cuando una familia necesita crédito para sobrevivir?

El Gobierno responde hablando de “responsabilidad individual”.

Pero gobernar también significa hacerse cargo de las consecuencias sociales de las decisiones económicas.


¿Y LAS INVERSIONES?

Durante meses se prometió una lluvia de inversiones.

El discurso oficial aseguró que, después del ajuste y las reformas, el capital privado iba a llegar masivamente.

Pero mientras se espera esa lluvia, buena parte de la economía cotidiana sigue atravesada por caída del consumo, endeudamiento y falta de poder adquisitivo.

Y mientras tanto, el Gobierno continúa utilizando el endeudamiento como una herramienta central de su política económica.

La pregunta que sigue sin respuesta es sencilla: cuánto se tomó, en qué se utilizó y qué resultado concreto recibió la sociedad a cambio.

Porque endeudarse no es gratis.

La deuda de hoy es la cuenta que alguien tendrá que pagar mañana.


NO SON “LIBERTARIOS”: EL DEBATE ES OTRO

Y acá aparece una discusión política que merece ser planteada sin eufemismos.

¿Estamos realmente ante un gobierno libertario?

Porque detrás de la etiqueta aparecen dirigentes y funcionarios provenientes de distintas tradiciones políticas: peronismo, menemismo, massismo, sectores del PRO y distintas vertientes de la derecha argentina.

Por eso quizás la definición más adecuada no sea “libertarios”.

Son una nueva expresión del populismo de derecha.

Y el populismo, sea de izquierda o de derecha, tiene algo en común: necesita construir un enemigo permanente.

Un día son los kirchneristas.

Otro día los periodistas.

Después los sindicatos.

Los gobernadores.

Los jubilados.

Los empresarios que cuestionan.

Los encuestadores.

Los que protestan.

Siempre alguien tiene la culpa.

Menos el poder.


PERO HAY ALGO QUE EL GOBIERNO NO PUEDE BLOQUEAR CON UN TUIT

La paciencia social.

Porque una cosa es defender un programa económico.

Otra muy distinta es pedirle a una sociedad que acepte indefinidamente la pérdida de ingresos, el endeudamiento, el cierre de comercios, la caída del consumo y el deterioro de las condiciones de vida mientras desde el poder se le dice que está viviendo una realidad que no puede ver.

La gente no come estadísticas.

No paga la luz con tuits.

No llena la heladera con insultos a periodistas.

Y tampoco necesita inteligencia artificial para saber cuánto cuesta vivir.

Puede verlo cuando llega al supermercado.

Puede verlo cuando llega la factura.

Puede verlo cuando mira la tarjeta.

Puede verlo cuando pregunta por un trabajo.

Puede verlo cuando un comercio de su barrio baja la persiana.

La Argentina real no está en X.

Está en la calle.

Y quizás ese sea el mayor problema que tiene hoy el Gobierno:

que cada vez hay más argentinos que dejaron de creer en el relato porque empezaron a comparar lo que les dicen con lo que viven.

Y cuando una sociedad empieza a hacer esa comparación, ningún algoritmo alcanza para esconder la realidad.

HORA REIMON