El 8 de abril, Javier Milei calificó de “basura humana” al periodista Manu Jove con un post desde su cuenta de X. Esa vez, a su furia ultra sensible la activó un recorte del periodista en el stream de Infobae, diciendo que prefería un empresario argentino antes que uno extranjero. El 20 de agosto, el presidente volvió a insultar a Jove. En esta oportunidad apeló al insulto que escupió con mayor vehemencia en los últimos días. Le dijo “mierda humana”. El primer post tuvo casi un millón de visualizaciones, 5.000 repost y 29.000 likes; el segundo, 283.000 visualizaciones, lo compartieron 900 cuentas y les gustó a otras 6.000. Ante la misma víctima y en la misma plataforma, con apenas cuatro meses de diferencia, el impacto de la violencia presidencial se redujo entre el 70% y el 80%.
Las intervenciones de Milei en la red que usa para insultar periodistas, burlarse de niños con espectro autista o señalarles objetivos a sus trolls para que den rienda suelta a su hostigamiento organizado perdieron punch. Su impacto se desplomó. En el territorio digital donde era el domador, en el que recetaba cremas para proteger la dermis de los glúteos de mandriles y econochantas, el que usa para autocelebrarse cuando lo mencionan en medios de otros países -incluso cuando es para criticarlo o para advertir los riesgos de su plan económico-, en la universidad virtual en la que se dictan las “masterclass“, Milei es un activo en baja.
La caída constante de su imagen y de la valoración de su gestión, así como también las expectativas de que sea este Gobierno el que mejore las condiciones materiales de vida de la mayoría de la población, se trasladó a la selva en la que reinaba el León. El Milei virtual es un boxeador con una piña que ya no lastima.
La caída del León tuitero.
La consultora Sustantiva generó una herramienta para medir el impacto de la narrativa libertaria en redes sociales: el “posteo típico”. Esto es, la mediana entre los post de mayor y los de menor impacto de los funcionarios durante un mes, para eliminar el impacto de picos y virales. En su trabajo, detectó que el “posteo típico” de los principales motores digitales del oficialismo (Milei, Lilia Lemoine, Manuel Adorni, Patricia Bullrich o Federico Sturzenegger), por citar algunos, cayó, desde el inicio de la gestión de Gobierno a hoy, casi a la mitad. Y el yunque que hizo más profunda esa caída fue el propio Milei.

Milei tracciona más de la mitad de las interacciones que genera todo el gabinete. Según la medición de esta consultora, “su tuit típico perdió 62% y sus visualizaciones pasaron de 447.000 a 93.000”. Lo que demuestran estos datos es que la comparación entre los dos posteos insultando a Manu Jove -con la que abre esta nota- no es un hecho aislado o un manipulación estadística, ni siquiera un cherry picker, sino el reflejo de una constante.
Otro dato interesante que deja esta revisión del trackeo en redes del universo libertario: cuando arrancó su gestión presidencial, un tuit de Milei rendía aproximadamente cinco veces más que uno de Daniel Parisini, famoso en X como Gordo Dan. Hoy rinden casi lo mismo. Fenómeno barrial.
Menos interés; peor imagen.
La consultora Ad Hoc viene midiendo, mes a mes, la influencia del universo libertario en la conversación digital. Y el registro es consolidado en dos aspectos para el presidente. Uno, es que el impacto de Milei en redes está en una pendiente: perdió interés. Esto, para una experiencia política que se nutre de narrativas y herramientas disruptivas, es un problema serio; el otro, es que la pérdida de imagen presidencial se profundiza en las redes sociales. Cuando se habla de Milei, se habla cada vez peor.

Javier Correa, director de Ad Hoc, toma dos fotos, dos momentos concretos del humor social que emana de las redes sociales, y enciende una luz de alarma para el Gobierno: “Hay indicadores de descontento social parecidos a los que había en 2023”. Ese descontento fue el que logró encausar la oferta electoral libertaria y convirtiendo a Milei en presidente. Sobre todo, en el territorio digital. “El problema -dice Correa- es que gobernar el descontento cuando sos gobierno es una tarea mucho más difícil”.
Otra imagen que le devuelve la conversación de las redes sociales es que los picos de menciones en escándalos como los caso $Libra y -mucho más y más extendido en el tiempo- Adorni quebraron un factor central en la narrativa libertaria: la presentación como una propuesta “antisistema”. Estos casos, sumado a lo que Ad Hoc define como “fatiga digital”, condujeron a un fenómeno muy evidente: el desangelamiento total de Milei en un terreno que supo dominar, probablemente, como ningún otro dirigente político argentino hasta hoy.
Perdiendo imagen a tu lado.
Hay otro dato que surge del relevamiento que deberían conocer las cuentas más adictas al Presidente: cuando Milei se hunde, arrastra con él a todos sus fanáticos de X.
Según los números de Ad Hoc, el bloque troll que componen los quince usuarios que más traccionan la agenda libertaria en Twitter (@ElTrumpista, @laderechadiario, @TraductorTeAma, @agarra_pala y @GordoDan_, entre ellas) perdió eficiencia en la instalación de agenda y en el control del debate público en redes. Con un dato llamativo: la pérdida de interacciones los llevó a nombrar cada vez menos a Milei. El nombre del líder, en los posteos de sus fanáticos, aparece cada vez menos. Una tendencia que no inició pero se profundizó desde abril hasta ahora.

El cineasta fanático y sus bobots.
Para intentar revertir esta pendiente infinita y recuperar el dominio que alguna vez tuvieron, los hermanos Milei designaron como nuevo responsable de comunicación digital al cineasta Santiago Oría, un militante libertario con un único mérito, demostrar una devoción fanática -casi religiosa- hacia la figura del Presidente y cuyas facultades, en todas las áreas, desde la política a la artística, siguen siendo un misterio insondable para la humanidad. Su debut fue catastrófico.
Quizás con la intención de llevarle a Milei resultados urgentes, anabolizó con bots una conversación entre él y otro fanático converso de Milei, el filósofo Alejandro Rozitchner. Tan torpe fue la maniobra que la tarea que tenía que hacer, invisibilizar que su posteo estaba alimentado con cuentas automatizadas, fue la que quedó en evidencia. Oría, como cerebro de la campaña digital libertaria, debutó convirtiéndose en meme. “No son bots“, razonó una fuente que camina a diario la interna libertaria, “son bobots“.
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