PROMESAS POR VOTOS: EL PRIMER ROUND DE FRANCOS ILUSIONA A GOBERNADORES

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De “policía bueno” a “síndrome Manzur”, en las provincias celebran el ascenso de Francos pero son cautos sobre qué poder real de fuego tendrá. Su debut en el Senado y la cumbre con enviados del Gobierno bonaerense. ¿Se viene la cumbre Francos-Kicillof?

“Asumió el policía bueno”. La frase resuena en una provincia y sintetiza el primer efecto de la entronización de Guillermo Francos como jefe de Gabinete. Tras seis meses sin diálogo con Javier Milei, con el anabólico que inyecta el deseo político, entre los gobernadores se instaló un buen clima a partir de la expectativa de que Francos pase de ser un ministro con teléfono abierto a un jefe de Gabinete con lapicera veloz. “Apareció como Papá Noel: repartió promesas que habrá que ver si cumple”, se apuntó, la noche del miércoles, desde un despacho peronista del Senado.

En 48 horas, desde que se anunció su ascenso a jefe de Gabinete, Francos anudó dos episodios que animan la tesis, prematura y exagerada, que le da volumen de superministro: destrabó los dictámenes de la Ley Bases y del paquete Fiscal en el Senado -en un movimiento de pinzas junto con Victoria Villarruel- y montó la primera cumbre con funcionarios del gobierno de Axel Kicillof, cita que tenía fecha desde hace dos semanas pero que se produjo en un momento, políticamente, exacto.

En paralelo, el martes se reactivó un canal reservado para acordar una cumbre entre el jefe de Gabinete y Kicillof, el gobernador más odiado por Javier Milei. No es el primer intento: semanas atrás existió una invitación a la gobernación en La Plata que el entonces ministro del Interior pidió hacer en Casa Rosada. El gobernador accedió y se fijó fecha pero estalló la crisis universitaria y el día agendado coincidía con la movilización. Se suspendió. Ahora está, otra vez, en gestación. ¿Se hará?

Este jueves, el jefe de Gabinete en funciones recibió en su despacho de Interior, en la planta baja de Casa Rosada, a los ministros bonaerenses Gabriel Katopodis y Javier Alonso, de Infraestructura y Seguridad, respectivamente. Estuvo escoltado por Lisandro Catalán, su segundo, que será secretario de Interior, y participó Patricia Bullrich. Mariano Cascallares, intendente de Almirante Brown, fue el sexto participante en ese tres a tres.

Con bajísimo perfil, Bullrich y Alonso mantienen diálogo hace tiempo. Seguridad fue hasta acá el área con más vínculo y una conexión positiva, según coincidieron fuentes de las dos administraciones. Aunque no fue el tema que motorizó el encuentro, la crisis policial en Misiones puso en alerta tanto a la ministra de Milei como al de Kicillof. El miércoles circularon, en redes, rumores de malestar en la Policía bonaerense.

El puente de Seguridad

En La Plata dicen que no se detectó nada extraño. “Los efectivos de la Bonaerense están mejor pagos que los de la Federal”, explicó una fuente que conoce ese micromundo. La resolución del conflicto en Misiones, luego de casi dos semanas de alta tensión, aportó otra dosis de calma y alejó el fantasma del efecto contagio. Bullrich, con una lógica propia, construyó un puente con Alonso, un funcionario con menos estridencia que Sergio Berni, su antecesor y, además, su protector.

El otro asunto clave para la provincia, que llevó Katopodis, es la cuestión de la obra pública. Como casi todos los demás gobernadores, Kicillof pide que la Nación le transfiera emprendimientos que están paralizados luego de que, por orden de Milei, Luis “Toto” Caputo redujera en casi 90% las partidas de gastos de capital. El eslogan “no hay plata” se sostiene, hasta acá, en el renglón infraestructura y nada indica que vaya a cambiar salvo en cuestiones hipersensibles como, se supo en estas horas, la terminación de las plantas compresoras del gasoducto Néstor Kirchner.

Días atrás, el ministro de Gobierno bonaerense, Carlos Bianco, dijo que Nación no respondía ni los mensajes ni, tampoco, los pedidos formales por vía administrativa para iniciar las negociaciones sobre la transferencia de obras. Francos y Catalán abrieron, en la charla con Katopodis, una instancia formal. El ministro de Kicillof llevó un pedido específico: que Nación le ceda el manejo del tramo final de la autopista Presidente Perón, obra avanzada a la que le falta terminal en los dos extremos. Nación confirmó que no destinará fondos a, entre muchas otras, esa obra. Kicillof buscará financiamiento para concluirla, pero para eso debe tener la administración general de la misma.

Poder real

“Casi que quedó a cargo del gobierno”, se sobregira ante Cenital un funcionario de una provincia del interior respecto del protagonismo de Francos. Ese concepto, de un Francos empoderado, casi a cargo del gobierno, circula en el ámbito de la política y parece destinado a convertirse en un factor tóxico. En otros dominios, como Córdoba y Santa Fe, celebraron el ascenso del ministro del Interior pero son más cautos sobre qué nivel de autonomía tendrá el nuevo jefe de Gabinete. Una especie de “wait and see” a partir de una prevención lógica: sobreestimar el poder real de Francos puede atentar contra el propio ministro.

El cargo supone lidiar, además, con una gestión anómala que tiene dos características: la parálisis, que se achacó a Posse, y un desorden de conducción que deriva, a diario, en la renuncia de funcionarios. Este jueves se fueron Pablo de la Torre de Capital Humano y Andrés Scarsi de Salud. En 172 días de gestión, van casi 40 renuncias. El ministerio que conduce Sandra Pettovello es el que acumula más dimisiones/expulsiones. ¿Se viene la descentralización de esa mega cartera?

“Tengo mucha expectativa de que algunas cosas y algunas miradas del gobierno nacional puedan cambiar. Tenemos una excelente relación con él”, dijo el gobernador de Santa Fe, Maximiliano Pullaro, quien elogió el buen diálogo con Francos, algo similar a lo que hizo el entrerriano Rogelio Frigerio. Mandatarios como ‘Rolo’ Figueroa de Neuquén, Claudio Vidal de Santa Cruz y Claudio Poggi de San Luis adoptaron posturas similares, casi al unísono.

“Tenemos buen diálogo, esperamos empezar a tener soluciones”, apuntó un funcionario de Martín Llaryora, el gobernador de Córdoba, que el sábado pasado, tras el acto de Mayo, logró algo que pocos mandatarios consiguieron: tener una charla a solas con Milei, que duró unos veinte minutos. En las provincias, celebran el ascenso del ministro del Interior pero son cautos sobre lo que eso significa en la práctica. La ilusión es lógica: no hablan con Milei ni con Karina Milei y el trato con Nicolás Posse era esporádico y poco resolutivo.

Francos, viejo conocido del presidente, tiene modos antagónicos a los del líder libertario. Hay una tentación con presumir que el mandatario le otorga el manejo de su administración luego de haber probado el fracaso con Posse. “Guillermo tiene que ser cauto, administrar su exposición”, aporta un dirigente que lo quiere. El riesgo de que se lo interprete como una figura superpoderosa puede convertirse en un problema.

El interrogante es cómo impactaría en el círculo áulico del presidente, donde están su hermana y el asesor Santiago Caputo, que Francos aparezca como un superministro que concentre poder y referencias. Lo persigue el síndrome Juan Manzur: el actual senador y exgobernador de Tucumán, apareció en 2021 como superministro de Alberto Fernández, en medio de la crisis con Cristina Kirchner, y a los meses se lo había devorado la interna frentodista.

Selfies y promesas

El martes ocurrió algo sintomático. Francos invitó a los ministros a desayunar al bar Pertutti, en Yrigoyen y Bolívar, comitiva a la que se sumaron Lisandro Catalán y Santiago Caputo. Este último se sacó una selfie que empezó a circular por las redes. Fan del secretismo y el perfil bajo, ¿por qué Caputo decidió exhibirse como lo hizo? “Era necesario para respaldar a Guillermo”, fue la explicación en Casa Rosada: con los Milei en el exterior, la figura con más peso específico en territorio argentino era Caputo y ahí fue para empoderar al flamante jefe de ministros.

El miércoles, luego de que se trabó la negociación en el Senado, Francos intervino, se reunió con Villarruel y varios senadores y logró las firmas que faltaban para avanzar con los dictámenes. La sesión en la Cámara alta, sobre Bases y Paquete Fiscal, será el 12 de junio. Es el plazo de gracia que tiene el jefe de Gabinete para empezar a cumplir con las promesas que hizo en las últimas horas. Logró un gesto de confianza: se amontonaron firmas “en disidencia” que luego habrá que ver cómo se expresan en el recinto a la hora de votar.

El respaldo de José Carambia de Santa Cruz, que reporta a Vidal, y de Mónica Silva de Río Negro se alinearon con el aval, entre otros, del peronista de Entre Ríos Eduardo “Turco” Kuider y de Magdalena Tagliaferri, del PRO pero en rebeldía. “Guillermo prometió respuestas y solucionar temas que están pendientes. Veremos. Se le dio un crédito”, apuntó un dirigente que siguió las negociaciones.

Cenital

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