EL RUIDO MORENO-KICILLOF Y LA FÍSICA DEL PERONISMO

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El exsecretario de Comercio habló de un contacto con el gobernador. El rol que le otorga y lo que piensa que debe hacer el peronismo. El protagonismo de dirigentes con modos de “outsiders” y el regreso de Cristina. Mapa de relaciones interperonistas.

“En política funcionan las leyes de la física: si dejás un vacío, alguien lo llena”. Sergio Massa repite la frase ante los dirigentes que desfilan por sus oficinas de avenida Del Libertador para pedirle que salga, que hable, que haga lo que hizo Cristina Kirchner. Un discurso, un acto, un PDF, “algo”. El reclamo, que el excandidato presidencial gambetea, tiene una deriva inevitable: la mención incómoda de que el peronismo parece monopolizado por otros actores, dos en particular: Guillermo Moreno y Juan Grabois.

La visibilidad de Moreno y Grabois, con discursos diferentes pero modos similares, más parecido al de los “outsiders”, verifica el diagnóstico de Massa: frente al silencio de los tres referentes del Frente de Todos (FdT), en los primeros meses del gobierno de Javier Milei, el exsecretario de Comercio y el referente de Patria Grande se convirtieron en las voces con más rotación. Algo los hermana: un tono fervoroso, poco protocolar, a veces desmesurado, que funciona como contracara del estilo –de mínima estridente– del presidente libertario. Shila Vilker, directora de Trespuntozero, los llama “maximalistas” y detecta que crecen en la opinión pública porque hablan en medio del silencio de muchos.

Una demanda similar a la que escucha Massa, repiqueteó en el Instituto Patria. El regreso de la expresidenta, el sábado en Quilmes, tuvo algo que ver con los vacíos que ocupan Moreno y Grabois: el argumento cristinista fue que faltaba una voz que ordene al peronismo, que fije la agenda, que confronte la retórica de Milei. Apareció y el eco fue, hasta acá, menos potente de lo esperado.

Una de las derivadas era que sirva para aplacar la interna kirchnerista, que viene desde hace rato pero que estalló luego de un fraserío áspero de Andrés “Cuervo” Larroque. Algo faltó en Quilmes: la escenificación de una tregua. Ni en el escenario militante posterior a la “master class”, ni en la foto de familia luego del acto, estuvo presente Axel Kicillof, la figura sobre la que gira toda la dinámica del pankirchnerismo. La ausencia dejó un regusto.

El orden de los factores

Horas después, en Duro de Domar (DDD), Moreno contó que se había visto con Kicillof, una figura siempre presente en su metralla mediática. No dio muchas precisiones sobre un contacto que cerca del gobernador niegan que haya existido. El exfuncionario sostiene que Kicillof no es peronista y que, por eso, es un “extraño” en el espacio. Su tesis, según le contó a Cenital, es que Kicillof debe conducir y organizar el progresismo, dejarle a otros el peronismo, para luego confluir en un frente electoral. “Un frente”, remarca Moreno.

Según la lógica de Moreno, la interna cristinista deja a Kicillof sin un lugar de pertenencia porque, como en el 2017, la expresidenta proyecta la construcción de un espacio similar a Unidad Ciudadana, por fuera del peronismo o del PJ. El planteo general morenista apunta a la reorganización del peronismo y no del PJ. El economista se define como movimientista no partidocrático, y por eso pide una reconfiguración asamblearia a partir de la reorganización de las ramas del movimiento: a las cuatro históricas –política, sindical, mujer y juventud-, agrega la empresaria, organizaciones sociales y técnicos y profesionales.

Por lo pronto, el vínculo entre Moreno y el gobernador no se descomprimió. En La Plata se quejan por lo que consideran una “obsesión” del exsecretario de Comercio en criticar a Kicillof. No es la primera vez: durante el cuatrienio macrista, hubo gestiones para que se retome el diálogo. No prosperaron. Pesa más una hostilidad que se remonta a fines del 2013, cuando Kicillof, según ha contado Moreno, le dijo a la entonces presidenta Cristina Kirchner que el plan antiinflacionario que impulsaba desde la Secretaría de Comercio no era lo eficaz que decía Moreno. Había ocurrido, semanas antes, la derrota electoral y Cristina sacudió el gabinete: entró Jorge Capitanich como jefe de Gabinete en lugar de Juan Manuel Abal Medina y Kicillof ascendió de vice a ministro de Economía, lugar que ocupaba Hernán Lorenzino. Por entonces, el equipo económico K lo integraban Kicillof, Moreno, Lorenzino, Mercedes Marcó del Pont (BCRA) y Ricardo Echegaray (AFIP). Solo quedaron dos: Kicillof y Echegaray. Moreno terminó como agregado económico en el Vaticano.

Kicillof optó por no responder las críticas de Moreno pero no quiere decir que no lo incomoden o no le resulten inoportunas. Suele quejarse del tiempo que le dedica en sus apariciones mediáticas. Hay algo más: el fandom de Moreno es intenso y activo. En el peronismo es habitual que se juzgue desproporcionado el protagonismo mediático del economista, si se lo coteja con su peso político o electoral. Lo miden por los 187 mil votos que obtuvo en las PASO del 2023 y lo cuestionan por buscar acuerdos con dirigentes como Miguel Pichetto, opositores amigables del gobierno.

Puzzle peronista

En el marco del Congreso partidario de marzo pasado, hubo contactos entre Moreno, Pichetto y el gobernador de Formosa, Gildo Insfrán, con el objetivo de una eventual ampliación del peronismo. La teoría de abrir el PJ para que se sumen peronistas anti K –o no K– como Pichetto o Martín Llaryora naufragó rápido.

Algo similar a lo de Moreno y Kicillof ocurre con Massa y Grabois. El líder de la UTEP, muy activo, ha sido un crítico recurrente del exministro de Economía y luego sumó objeciones a la conducta política de Máximo Kirchner, con aquello de “tener el copyright de Cristina” y atacar a Kicillof, a quien consideró el principal exponente del trasvasamiento generacional.

En el puzzle peronista, Grabois aparece conectado con el mandatario bonaerense, mientras que Massa mantiene un vínculo sólido con Máximo. Moreno está distanciado desde hace tiempo de los Kirchner y tuvo una breve reconciliación con Massa, vía Malena Galmarini, en la previa de la elección general, pero no duró. Con Grabois, que lo había acusado de formar parte del “enemigo”, compartió una charla que quedó en una serie de comentarios e ironías posteriores. No volvieron a verse. El nexo Massa-Grabois es irregular y de desconfianza mutua, mientras ambos mantienen diálogo con Cristina, aunque no reportan –o eso dicen– ciegamente a lo que dispone la expresidenta. El dirigente social, muy crítico de la historia política de Massa, se reencontró, luego de haber cuestionado su gestión, con el exministro Martín Guzmán, muy tironeado con el excandidato presidencial.

Cenital

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