LOS POLICÍAS EN OLIVOS, CON BABY ETCHECOPAR Y JUAN CARLOS BLUMBERG

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Durante todo el día, policías bonaerenses desplegaron su reclamo alrededor de la residencia. Cuando invitaron a ocho representantes a ingresar a hablar con el Presidente, se negaron.

La Quinta de Olivos está rodeada por decenas de patrulleros que ensordecen con el ruido de sus sirenas prendidas. Los autos de la policía bonaerense no paran de llegar, estacionan a 45 grados sobre la avenida Maipú, los policías se bajan envalentonados mientras se sacan las boinas y las agitan en el aire. Todos portan su arma reglamentaria. El panorama es amenazante. En el portón de entrada de la residencia donde vive el Presidente junto a su familia, una ronda de uniformados toca los redoblantes y agita banderas argentinas. Enfrente, algunas señoras del barrio con carteles y cacerolas se suman al reclamo. A pesar de que ya desde el día anterior el Gobierno había confirmado que habrá aumento salarial, cuando un efectivo es consultado por Página/12 indica que “eso no nos sirve, venimos muy retrasados. Queremos cobrar 60 mil pesos”. ¿Por qué ahora el reclamo? “Antes, con los mismos jefes, si reclamábamos nos sancionaban”, explica. 

Cerca de las 17 sale el vocero presidencial,Juan Pablo Biondi, junto a Julio Vitobello, secretario general de la Presidencia, para ofrecer a los uniformados que ocho representantes ingresen a la Quinta para conversar con el Presidente. Pero ellos se niegan. “Nos dijeron que nos va a atender el Presidente, pero no queremos. Que salga él afuera”, dice Sandro Amaya, capitán de la bonaerense y quien surge como uno de los voceros de la protesta. Minutos más tarde afirma: “si no entro con las cámaras, no voy a entrar”.

Los policías dejaron habilitado un espacio angosto de la avenida Maipú por donde pasan algunos autos. En su mayoría circulan tocando bocina, con las ventanillas bajas, sacando los brazos, alentando, algunos hasta llevan banderas argentinas. Es el caso de una señora que grita desde su Renault 12 rural destruido y el de un hombre que maneja un Jeep con vidrios polarizados. En el medio de la caravana se destaca un Mercedes Benz negro de dos puertas. El conductor bajar la ventanilla y se revela que es Baby Etchecopar, que se suma a su manera a la protesta. Los policías le sacan fotos, lo saludan emocionados. “¿Era Baby? ¡Me muero!”, dice una uniformada y la otra se acerca, sin respetar la distancia social, a mostrarle el video que llegó a hacer mientras el conductor pasaba a baja velocidad.

Damián dice que es policía desde hace ocho años y no quiere dar su apellido. Es imposible saberlo porque si bien porta un arma, no tiene placa. En diálogo con este diario, se excusa: “tengo arma porque es mi uniforme, ¿dónde querés que la deje?”, ironiza. Luego resalta que “anunciaron un 30, pero la fuerza quiere un 56 o 60 por ciento de aumento. Así estaríamos mejorando un poco. Rechazamos el 30 y ya se lo dijimos a Sergio Berni en la reunión que tuvimos con él”. Con respecto a la movilización asegura que “vamos a seguir apoyando a los que están en el puente doce, donde está concentrada la mayoría del personal policial, y adonde van llegando los malones”. “Acá estamos todos los comandos”, subraya.

Entre las mujeres que están en la vereda con carteles que dicen “el pueblo apoya a la policía” “no es política, es necesidad”, hay una que en sus manos sostiene y agita un cencerro. No quiere responder preguntas a Página/12, pero sobre el cencerro explica que “lo usamos en el campo para ponérselo a las vacas”. Elisa, que está a su lado, sí quiere opinar: “vengo como ciudadana, no soy de la policía, pero no estoy de acuerdo con la corrupción, con la falta de justicia y tampoco con los sueldos que gana esta gente que nos tiene que defender”, dice. Luego argumenta “¿cómo no va a haber policía corrupta si ganan miserias?” Rápidamente cambia de tema y comienza a criticar al gobierno: “Estamos viviendo en un país prehistórico, tenemos cada vez gobiernos más corruptos, indecentes, inmorales. Soy del barrio, y cuando vi esta marcha en la tele dije: si fui a todas las protestas del último tiempo, ¿cómo no vamos a apoyar esto? Además de venir se lo mandé a toda mi gente, moralmente es lo mínimo que uno puede hacer”, se agita.

Los policías se agolpan y aplauden. En el medio está Juan Carlos Blumberg, quien asistió a todas las marchas anteriores que Juntos por el Cambio convocó contra el Gobierno Nacional. “Vine a apoyar a la policía. Esta pobre gente no tiene un sueldo digno. Además el Gobierno largó cinco mil delincuentes a la calle y ellos los tienen que buscarlos con un jornal de 40 pesos por hora adicional“, afirma a Página/12. Ante la consulta de por qué los uniformados deciden realizar ahora el reclamo y no antes, Blumberg indica que “el reclamo es ahora porque desde julio del año pasado no les aumentan”. Luego critica a Sergio Berni y a Sabina Frederic: “Tenemos un ministro de Seguridad de la provincia que es un payaso, que no hace nada, lo único que hizo fue pisotear pruebas en lo de Nisman. La ministra de Seguridad de la Nación es una locura, toman los terrenos y ella dice que no es un delito”. “Bullrich era mucho mejor”, concluye.

A las 19 aparece por primera vez un abogado, Gabriel Juricich, que dice ser representante de algunos policías de la bonaerense y anuncia que los uniformados comenzarían a desconcentrar la movilización. “Como tienen que seguir de servicio se van a ir y me voy a quedar yo a recibir el petitorio. La gente de Presidencia que salió se llevó dos hojas y dijeron que las iban a devolver firmadas. El petitorio fue un acuerdo de toda la fuerza”, asegura. “Los policías están con armas porque salieron o entran en servicio y no tienen tiempo de cambiarse”, justifica. 

Antes del discurso presidencial, las organizaciones sociales que habían convocado a una movilización en defensa del Gobierno para las 20 en Olivos, anunciaron que la suspendían por pedido expreso de Alberto Fernández (así lo hizo el Presidente en un tuit). “Esperamos que las armas y vehículos del gobierno constitucional argentino no se usen para desafiar la democracia”, reflexionaba el dirigente de la UTEP, Juan Grabois

Informe: Melisa Molina/Página/12

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